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Índice de contenidos
- Diario de un amanecer diferente en Santa Comba
- Una pequeña recomendación antes de continuar
- Cuando la fotografía aparece donde no la estabas buscando
- El instante en que todo encaja
- ¿Por qué aparece un arco iris?
- Aún más suerte, doble arco iris
- Un diario de luz, azar y atención
- Un artículo más dentro de un diario fotográfico
Diario de un amanecer diferente en Santa Comba
Hay momentos en las que el tiempo parece abrirse un poco más de lo habitual.
Estos días de vacaciones me están permitiendo algo que no suele ser común en mi rutina: salir a fotografiar al amanecer, sin prisas, dejando que la mañana marque el ritmo. Son fechas navideñas, sí, pero más allá del calendario, son días en los que el cuerpo y la cabeza agradecen bajar una marcha y volver a mirar con calma.
Con esa idea me acerqué de nuevo a la playa de Santa Comba, un lugar que no visito con frecuencia y que siento que aún no tengo completamente explorado. Ya había estado allí días atrás, buscando composiciones en una pequeña cala con formaciones rocosas interesantes. Ese día, sin embargo, el cielo quedó en un término medio y poco interesante. Gris, plano y sin esa chispa que siempre busco y que da más épica a mis fotografías.
Días después decidí volver. Las previsiones apuntaban a un cielo con más carácter, aunque la marea jugó en contra e impidió que pudiera llegar a la zona que había pensado inicialmente.
Una pequeña recomendación antes de continuar
Mientras escribía este artículo, me resultó imposible no tener en la cabeza la portada y la música de uno de los discos que más me marcaron: The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd.
Por esto, aquí os dejo el disco en YouTube: ¡Dadle una escucha!

Luz blanca que se descompone, colores, física y emoción conviviendo en el mismo espacio. Si te apetece, creo sinceramente que es una banda sonora perfecta para acompañar la lectura de lo que viene a continuación.
¡Seguimos!
Cuando la fotografía aparece donde no la estabas buscando
Durante un buen rato estuve intentando encontrar algo en esa primera zona de la cala. Probé diferentes encuadres, busqué alternativas… soy bastante cabezón, sí haha. Pero nada acababa de funcionar, no me convencía lo que hacía.
Hasta que, en uno de esos momentos en que decides parar, levanté la cabeza y simplemente paré a respirar, mirar y me gire hacia el otro lado de la playa.
El cielo comenzaba a teñirse de tonos rosados, magentas y dorados. Sin pensarlo demasiado, cogí el equipo y me dirigí a esa zona, aunque sabía que compositivamente no lo tenía fácil. Esa zona tenía pocas rocas para posibles primeros planos y un espacio más abierto de lo que suelo trabajar.
Fue entonces cuando apareció la primera señal inesperada: un fragmento de arco iris justo al lado de la ermita de Santa Comba.
Entonces, empecé a moverme, a buscar encuadres, algo obsesionado por integrar esa parte final del arco con la ermita. Pero mientras hacía fotos, me di cuenta de que algo más grande estaba ocurriendo: no era solo un fragmento.
¡El arco iris se estaba completando delante de mí!
El instante en que todo encaja
En cuestión de segundos, lo que antes era un detalle se convirtió en un fenómeno completo: el arco entero dibujado en el cielo, algo que nunca antes había tenido ocasión de fotografiar.
No había tiempo que perder. Cambié rápidamente de posición, buscando unas rocas que pudieran funcionar como primer plano.
Después de probar, comprobé que una fotografía horizontal no transmitiría la fuerza del momento. El cielo pedía espacio, amplitud, y el diálogo entre tierra y aire necesitaba respirar.
Así que opté por una panorámica, con la intención de que las rocas del primer plano formaran una especie de arco visual que dialogara, sin ser totalmente simétrico, con el arco iris en el cielo.
Cuando llevaba un rato preparando mi composición, llegó otra sorpresa más: no era un solo arco iris, sino un doble arco completo. Y entre ambos, una franja oscura perfectamente visible.
Es increíble cómo, al principio, cuando estoy tan concentrado en la composición y la fotografía, se me pasó por alto lo que estaba ocurriendo ante mis ojos. ¡Un doble arco!

¿Por qué aparece un arco iris?
Un arco iris no es un simple arco de colores en el cielo, sino un fenómeno óptico que surge de la interacción de la luz con multitud de gotas de agua suspendidas en la atmósfera. Cuando los rayos del Sol entran en las gotas, la luz, que viaja como un rayo “blanco”, cambia de medio al pasar del aire al agua: disminuye su velocidad y cambia de dirección. Dentro de la gota, parte de esa luz refractada se refleja internamente en la superficie opuesta, y al salir de nuevo al aire vuelve a sufrir otra refracción.

Debido a que cada color del espectro se desvía en un ángulo ligeramente distinto, el resultado es la separación de los colores que vemos en el arco primario.
En el arco principal, la luz que sufrió una sola reflexión interna sale de las gotas formando un semicírculo de colores con rojo en el exterior y violeta en el interior, con un ángulo típico de aproximadamente 42° respecto a la línea antisolar (el punto directamente opuesto al Sol desde tus ojos).
Aún más suerte, doble arco iris
Un doble arco iris aparece cuando, en determinadas condiciones, una parte de la luz se refleja dos veces dentro de las gotas antes de salir. Ese segundo rebote hace que la luz pierda intensidad (por lo que este arco secundario es más tenue). En este caso, el orden de colores queda invertido: violeta en el exterior y rojo interior, situándose unos 10 grados más allá del arco primario, alrededor de 50–53°.
Entre estos dos arcos puede verse una banda del cielo visiblemente más oscura, llamada banda oscura de Alexander. Esta franja produce ese contraste entre los arcos porque la luz refractada por los distintos ángulos implicados no alcanza la mirada del observador en esa región, dejando un área donde llega menos luz dirigida por los procesos de reflexión y refracción que forman los arcos.
En la práctica, estos arcos se presentan cuando el Sol está bajo en el cielo y las gotas de lluvia aún están presentes frente al observador, justo como ocurría ese amanecer en la costa de Santa Comba. El Sol a las espaldas y la lluvia en el mar permitieron que se generase este fenómeno óptico con todos sus componentes, incluido el segundo arco y su banda oscura característica.
Un diario de luz, azar y atención
Esta fotografía no estaba planificada.
No sabía que acabaría haciendo una panorámica, ni que aparecería un arco iris completo, y mucho menos un doble arco con todas sus partes visibles. Pero sí había algo previo: estar allí, madrugar, aceptar que la idea inicial no funcionará, mantener la mirada atenta y la mente despierta.
A veces la fotografía no trata de perseguir una imagen concreta, sino de reconocer el momento cuando aparece.
Este amanecer en Santa Comba fue eso: una lección de atención, de cambio de planes y de cómo la luz, cuando quiere, escribe su propia historia.
Un artículo más dentro de un diario fotográfico
Este texto forma parte de una serie de artículos en los que la fotografía es solo el punto de partida. Historias en las que hablo de imágenes, sí, pero también de lo que hay detrás de ellas: la espera, las dudas, los errores, los momentos inesperados y los aprendizajes que vienen con cada salida.
Al igual que en La Perseverancia en la Fotografía, aquí no busco explicar cómo se hizo una foto en sí misma, sino compartir el camino hasta llegar a ella. Una especie de diario en el que técnica, experiencia y reflexión caminan juntas. Porque para mí la fotografía no termina cuando se pulsa el disparador.
Muchas veces es justo ahí cuando empieza.

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